¡Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo! Me llamo Lucía, tengo 28 años, soy alta y delgada, con curvas justas: pechitos pequeños pero un culo firme y redondito que me enloquece en el espejo, y piernas largas que matan. Era un viernes de verano, finales de tarde, en un Zara abarrotado. Calor sofocante, olía a perfume barato y tela nueva. Elegí una falda gris ligera, cortita, que se sube con un soplo, un top azul celeste escotado y unas sandalias marrones. Debajo, un tanga blanco de algodón simple, nada de encajes que irriten con el sudor.
Entré en la cabina grande del fondo, la más privada, con tres espejos que multiplican todo. Colgué la ropa, ruido de perchas metálicas tintineando, tela suave rozando mis muslos. Me quité la falda actual, quedé en tanga, admirando mi coño depilado en el reflejo. De repente, toqué el timbre para ayuda. Entra él: vendedor de unos 40, moreno, alto, cuerpo atlético, camisa ajustada, pantalón de pinza. ‘¿Te ayudo, guapa?’, sonrisa pícara. ‘Sí, mira si esta falda me queda bien’, le digo, nerviosa ya por su mirada clavada en mis piernas.
La elección de la ropa y la tensión al cerrar el rideau
Se acerca, cierra el rideau rojo con un susurro. ‘Shh, aquí estamos solos’. El corazón me late fuerte, voces de clientas fuera charlando, pasos. Me pongo la falda nueva, corta, se sube sola. Él se arrodilla para ‘ajustarla’, mano en mi tobillo. ‘Qué piernas tan finas’, murmura. Sube despacio por mi pantorrilla, interior del muslo. Me quedo quieta, coño ya húmedo. ‘¿Qué haces?’, susurro, pero no paro su mano. Llega a mis muslos cruzados, presiona suave. ‘Déjame ver bien’, dice, y con la otra mano separa mis piernas. ¡Joder, audaz! Dedos rozan mi tanga empapado.
Sus pulgares masajean mi coño por encima, uno en el clítoris, otro abriendo labios. ‘Estás chorreando, puta cachonda’, susurra. Gimo bajito, muerdo labio. El espejo enfrente: veo su cabeza entre mis piernas, mi cara roja de placer. Frio del espejo en mi espalda cuando me apoyo. Desliza pulgares bajo tanga, uno entra en mi coño resbaladizo, el otro gira en clítoris. Suspiros ahogados, ‘¡Ay, para… no, sigue!’. Fuera, una voz: ‘¿Dónde está el probador libre?’. Él saca tanga, lo huele: ‘Huele a puta en celo’. Me lo mete en la boca como mordaza. Cabeza bajo falda, lengua en mi coño. Lamida larga en labios, chupa clítoris suave, diabólica. Mano en mi teta, pellizca pezón por el top. Ondas de placer, espejos muestran todo: mi culo apretado, su lengua entrando.
El sexo brutal en la cabina y la salida con el secreto
Orgasmos cerca, agarro su pelo, aplasto su cara. Él acelera, aprieta tetas. ¡Me corro brutal! Temblores, coño contrayéndose, jugos por sus labios. Saco tanga, jadeando. Él de pie, pantalón abajo, polla media, curvada, rasurada, tiesa. La cojo, branlo lento. ‘Chúpamela’, ordena mirada. Labios en glande, chupo suave, lengua en uretra, succiono. Alterno lamidas y garganta profunda, sin arcadas, manos en su culo firme. Él callado, pero ojos en éxtasis. Preservativo en mano, lo pone. Me siento en banqueta, piernas abiertas. Guía polla a mi coño, entro despacio, saboreo plenitud. Brazos en su cuello, él desabrocha sujetador, chupa teta.
Ondulo caderas, froto clítoris en su pubis. Él coge mis caderas, sube/baja fuerte. Polla frota paredes, placer sube. Me gira, perra en cuatro contra espejo. Penetra seco, hasta huevos. Manos en caderas, embiste: ploc-ploc suave. ‘¡Fóllame más!’, susurro. Levanta pierna en banqueta, penetra hondo. Caresse culo, tetas. Me corro otra vez, mordiendo tanga. Él lame mi ano un segundo, digo no. Vuelve a coño, lento profundo. Quiero verle: giro, encoño miradas. Acelera, agarra muslos. ‘Me corro’, gruñe bajo. Siento polla palpitar, chorros calientes. Yo exploto, ojos fijos, ¡vague inmensa!
Se retira, tira condón. Yo jadeo, sin tanga en coño goteante. Él se viste: ‘Guarda el secreto, guapa’. Sale primero. Me visto rápido: falda pegada a humedad, sin bragas, pezones duros bajo top. Salgo, cara inocente. Pago falda: ‘¿Todo bien?’, pregunta cajera. ‘Perfecto’, sonrío, coño latiendo. Fuera, piernas temblorosas, secreto ardiendo. ¡Nadie sabe el polvo de mi vida!