Follada en el probador: Mi aventura prohibida con mi cuñado

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Después de lo de anoche con Roland, mi cuñado, hoy nos fuimos de compras. Mi marido y mi hermana siguen en ese congreso, así que… libertad total. Entramos en una tienda grande, llena de gente. Elegí un vestidito ajustado, negro, de esos que marcan todo, y unos tangas diminutos. Él cogió una camisa y unos pantalones. ‘Pruébate esto’, me dice con esa mirada pícara. Cogí varias prendas: faldas cortas, tops escotados. El tintineo de las perchas me ponía nerviosa ya, rozando unas contra otras.

Nos miramos, risitas. ‘Vamos juntos a la cabina grande’, susurra. El corazón me late fuerte. Hay voces de clientes fuera, una madre regañando a su niña, risas. Entramos apretados, cierro el cortinilla roja. ¡Zas! Se cierra con ese roce suave. Dentro, tres espejos enormes: veo mi culo por todos lados, su paquete apretado en los vaqueros. El aire huele a ropa nueva, ese olor fresco de algodón planchado. Me quito la blusa, despacio. Él me mira, se lame los labios. ‘Estás buenísima’, murmura bajito. Siento el frío del espejo en la espalda cuando me apoyo. Nuestras respiraciones se aceleran. Fuera, pasos, alguien pregunta por tallas. La tensión sube como la leche hirviendo.

Elegimos la ropa y entramos en la cabina

No aguanto más. Me giro, le bajo la cremallera. Su polla salta dura, gorda, venosa. ‘Shhh’, dice, pero ya me arrodillo. La textura suave del glande en mi lengua, salada ya de pre-semen. Él gime bajito, tapa mi boca con la mano. Afuera, una voz: ‘¿Hay alguien ahí?’ Me cago de miedo, pero eso me excita más. Me levanto, él me arranca el tanga. ‘Qué coño tan liso, preciosa’, dice tocándome el corazón que me hizo ayer. Dos dedos dentro, chup-chup húmedo. Me muerdo el labio para no gritar. Veo en el espejo cómo me dobla, polla contra mi culo. Entra de un empujón. ¡Joder! Llena todo, roza el fondo. Empieza a bombear, lento al principio. Plaf-plaf suave contra mi piel. El espejo vibra frío en mis tetas, pezones duros como piedras.

El polvo brutal y la salida con el secreto

‘Quieta, que nos oyen’, jadea. Pero folla fuerte, salvaje. Mi coño chorrea, gotea por las piernas. Lo miro en el espejo: sudor en su pecho velludo, ojos de animal. Cambio de posición, contra la pared. Levanta mi pierna, mete la lengua en mi boca mientras me taladra. ‘Tu polla… en mi coño… sí’, susurro entre besos. Acelera, bolas golpeando mi clítoris. Siento el orgasmo venir, aprieto los dientes. Él gruñe bajito: ‘Me corro… dentro’. Calor líquido me inunda, chorros potentes. Yo exploto, piernas temblando, uñas en su espalda. Silencio, solo nuestras jadeos. Limpio rápido con el tanga, semen fresco en mis dedos.

Salimos como si nada. Cara roja, pelo revuelto. ‘¿Qué tal las prendas?’, pregunta la dependienta sonriendo. ‘Perfectas’, digo con voz ronca, coño palpitando aún bajo la falda. Pagamos el vestidito, salimos al bullicio. Cada paso, siento su corrida resbalando. El secreto quema, delicioso. Mañana más, con él aquí una semana entera. ¿Quién me para?

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