Follada salvaje en la cabina de probadores con el vendedor

Ay, chicas, acabo de vivirlo y aún me tiemblan las piernas. Era un sábado por la tarde, en esa tienda de ropa íntima del centro comercial, la que tiene cabinas grandes con espejos en tres lados. Calor sofocante, aire acondicionado zumbando, olor a tela nueva y perfume barato flotando. Elegí un vestido rojo ceñido, uno negro escotado y un conjunto de lencería push-up, negro con encajes. El vendedor… uf, moreno, alto como 1,80, músculos marcados bajo la camisa ajustada, barba de tres días y ojos que te desnudan. Se llama Carlos, lo pillé en su placa. Me ayudó a buscar tallas, rozando mi brazo ‘por accidente’, sonrisita pícara. ‘¿Quieres que te ayude con la cremallera?’, me dice con voz grave. ‘Sí, ven conmigo’, le suelto, mordiéndome el labio.

Entramos en la cabina más grande, al fondo. Ras, ras, el sonido del cortinón plástico al cerrarse, no del todo, deja una rendija. Perchas tintineando al colgar la ropa, el espejo frío contra mi espalda cuando me apoyo. Voces de clientas fuera, risas, pasos en el pasillo. Mi corazón late fuerte, bum bum. Me quito el top despacio, sujetador deportivo negro, pechos firmes saltando libres, 95C que él no quita ojo. ‘Qué tetas más ricas’, murmura, acercándose. Su aliento caliente en mi cuello, manos en mi cintura, bajando la cremallera del vestido. Tela suave rozando piel, escalofríos. Me gira, espejo enfrente, veo mi culo redondo, pubis con vello negro espeso. Él pega su paquete duro contra mí, polla palpitando a través del pantalón. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro, pero ya estoy mojada, cyprine chorreando por muslos.

La tensión desde que cierra el cortinón

No aguanto más. Le bajo el pantalón, zipper rasgando silencio. Su polla salta, circuncidada, 17 cm tiesa, no gorda pero larga, venas marcadas, huevos duros. ‘Joder, qué verga’, gimo bajito. Me arrodillo, espejo reflejando todo, lamo huevos primero, salados, subo lengua por tronco, embucho hasta garganta, glup glup ahogado. Él agarra mi pelo, folla mi boca suave, ‘Cuidado, coño, que nos oyen’. Me levanto, él me empuja contra espejo, frío en tetas, pezones duros como piedras. Chupa uno, muerde suave, mano en mi coño, dedos abriendo labios, capuchón hinchado, clítoris latiendo. ‘Estás empapada, puta’, dice, metiendo dos dedos, chapoteo húmedo. Me dobla, piernas abiertas, espejo mostrando vulva abierta, jugos goteando. Saca condón del bolsillo, lo desenrolla, gel lubri en polla reluciente.

El polvo intenso y la salida con el secreto

‘¿Quieres que te folle?’, pregunta ronco. ‘Sí, métemela ya’, jadeo. Cabeza de polla en entrada, empuja, rasgón leve pero placer puro, lleno mi coño hasta fondo. Va-et-vient lentos primero, cachetes chocando suavecito, plof plof. Acelera, mano en boca para gemidos, ‘Aguanta, zorra’. Me camo, culo alto, él embiste fuerte, polla butando cérvix, espejos multiplicando: mi cara extasiada, tetas botando, su sudor goteando. Clítoris frotando su cuerpo, orgasmo sube, coño aprieta, espasmos, chorro de jugos. Él gruñe bajo, ‘Me corro’, pulsaciones dentro, semen caliente en condón. Nos quedamos jadeando, 30 segundos eternos, voces fuera más cerca.

Rápido, me visto, vestido rojo puesto, lencería en bolsa. Él sale primero, ‘Te queda perfecto’, dice alto para disimular. Yo salgo, mejillas rojas, coño palpitando, semen residual en muslos. En caja, él cobra, guiño: ‘Vuelve pronto’. Camino por tienda, piernas flojas, clientas ajenas, secreto quemando bajo falda. Uf, qué subidón, el miedo a ser pillados, espejos testigos, polla deliciosa. Aún huelo a sexo. ¿Repetimos?

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