Follada salvaje en la cabina de probadores: mi secreto más caliente

Ay, chicas, acabo de vivir lo más caliente de mi vida en una cabina de probadores. Estaba con mi novio, Luis, en esa tienda de ropa sexy del centro. Elegimos unas braguitas de encaje negro, un vestido ajustado que me marca el culo perfecto, y una falda cortita. El corazón ya me latía fuerte, porque sé cómo nos ponemos cuando estamos solos… pero en público, uf.

Entramos juntos a la cabina grande, la que tiene espejo en tres lados. Él cierra el rideau con ese ruido rasposo, chas, y ya siento su aliento en mi cuello. ‘Pruébate esto’, me dice, pasándome la ropa. Me quito la blusa rápido, el aire fresco me eriza la piel. La textura del encaje nuevo contra mis tetas, suave pero rasposa, me pone a mil. Luis me mira fijo por el espejo, sus ojos oscuros, hambrientos. Oímos voces fuera, clientas charlando, pasos. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro yo, pero ya me tiene las manos en la cintura, bajando mi pantalón.

Elige la ropa y entra en la cabina

La tensión sube como un cohete. Me gira contra el espejo, frío contra mi espalda desnuda, brrr. Siento su polla dura presionando mi culo a través del pantalón. ‘Estás mojada ya, ¿verdad?’, murmura en mi oreja, y mete la mano entre mis piernas. Dios, sí, mi coño palpita, chorreando. Le bajo la cremallera con prisa, el sonido metálico me asusta, pero no paro. Saco su verga gruesa, venosa, latiendo en mi mano. La acaricio lento, él gime bajito, ‘Joder, nena…’. Fuera, una voz: ‘¿Te queda bien ese?’. Contengo la risa nerviosa.

No aguanto más. Me agacho un poco, él me levanta una pierna contra el espejo. Me penetra de golpe, su polla abriéndose paso en mi coño empapado. ‘¡Ah!’, casi grito, pero me tapo la boca. Folla fuerte, ritmico, chap-chap húmedo contra mi carne. Veo todo en los espejos: mi cara de puta en éxtasis, tetas rebotando, su culo tenso embistiéndome. El olor a sexo nuevo, sudor y perfume de tienda. Él me agarra el pelo, tira suave, ‘Córrete para mí, puta’. Aprieto los dientes, las piernas tiemblan. Siento su glande hinchado golpeando mi punto G, una y otra vez. Oigo risas fuera, cerca, y eso me excita más. Me corro brutal, coño contrayéndose alrededor de su polla, jugos bajando por mis muslos.

El clímax brutal y silencioso

Él no para, acelera, bestial. ‘Me voy a correr dentro’, gruñe. Sí, hazlo. Empotra profundo, su semen caliente llenándome, chorros potentes. Nos quedamos jadeando, pegados, sudorosos. Rápido, nos limpiamos con kleenex del dispensador, el papel áspero en mi piel sensible. Me visto temblando, el vestido nuevo pegado a mi coño lleno de corrida. Él sale primero, ‘¿Qué tal?’, dice casual al espejo.

Salgo yo, ruborizada, pelo revuelto. La dependienta nos mira, sonrisa pícara, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, digo con voz ronca, piernas flojas. Vamos a caja, pago el vestido con su semen goteando aún. Fuera, en la calle, nos besamos riendo. Ese secreto quemándome bajo la ropa… uf, quiero repetir ya.

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