Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Ese día mi amor me llamó por teléfono, riendo malvado. ‘Elige tu juguete: bolas geisha, plug o el vibrador con mando’. Dudé un segundo, ehh… ‘El vibrador, amor, pero sin mando, ¿no?’. Su risa me heló. ‘Perfecto, métetelo ya’. Lo hice, suave, se deslizó en mi coño como su polla, con ese ergotito justo en el clítoris. No tan grande, pensé, aguantaré. Me puse una falda corta nueva y top escotado, lista para la tienda.
El bus vacío, qué suerte, pero el cabrón lo activó de repente. Zumbido dentro, mi chocho se mojó al instante. Llegué al centro comercial sudando, piernas flojas. Entro en la tienda de ropa sexy, perchas tintineando, voces de clientas charlando fuera. Elijo una minifalda plisada, elástica, y un vestido tubo que marca todo. ‘Voy a probármelos’, le digo al dependiente, pero mi amor está cerca, siguiéndome. Cabina grande, espejos por todos lados. Cierro el rideau con un roce suave, shhh. Me miro desnuda, tetas firmes, coño hinchado por el vibro. Textura de la falda nueva, suave como seda, contra mi piel caliente. De repente… ¡zas! El vibrador arranca fuerte. Ay Dios, piernas temblando, me apoyo en el espejo frío, pezones duros pegados al cristal. Oigo voces fuera, ‘¿Te queda bien ese?’, risas. Mi amor susurra desde fuera: ‘¿Necesitas ayuda, preciosa?’. El rideau se abre un poco, entra él, cierra. Sus ojos en mi cuerpo reflejado mil veces. ‘Estás chorreando’, dice, mano en mi culo.
Elegí la Ropa y el Rideau se Cerró: Tensión al Límite
No aguanté. Lo empujo contra el espejo, beso salvaje, lengua dentro. ‘Shhh, amor, nos oyen’, gimo bajito. Saco su polla tiesa, gorda, venosa. La chupo rápido, saliva goteando, sabor salado. Él gime ahogado, mano en mi pelo. ‘Quítamelo ya’, susurro. Dedos dentro, saca el vibro empapado, ¡plop!, mi coño vacío late. Me gira, falda arriba, contra el espejo. Frio en tetas y barriga, contraste con su polla caliente abriéndose paso. ‘¡Fóllame fuerte!’, pido mordiendo labio. Entra de un golpe, polla llenándome hasta el fondo. Ritmo brutal, plaf plaf, suave para no ruido, pero pasión devorando. Veo en espejos: mi coño tragándosela, labios abiertos, jugos bajando muslos. Tetas rebotando, pezones rozando cristal helado. Él me agarra cadera, ‘Tu chocho aprieta como puta’, gruñe bajito. Oigo pasos fuera, clientas cerca, ‘¿Has visto ese top?’. Más excitante, aprieto muslos, clítoris frotando su base. Dedos en mi culo, uno entra lubricado con mi leche. ‘¡Sí, métemelo!’, jadeo. Doble penetración, polla en coño, dedo en ano. Sudor goteando, olor a sexo subiendo. Me corro primero, ondas brutales, muerdo su hombro para no gritar, coño chorreando río abajo. Él acelera, ‘Me vengo’, y ¡pum! Leche caliente inunda mi útero, goteando fuera.
Respiramos jadeantes, rápido nos vestimos. Falda nueva pegada a muslos húmedos, semen tibio escurriendo por piernas. ‘Shhh, como si nada’, dice él besándome. Salimos, yo cojeando leve, sonriendo al dependiente. ‘Me llevo la falda y el vestido’, pago temblando, cajera mira mis mejillas rojas. Fuera, voces normales, nadie sabe el secreto quemando bajo mi ropa. Mi amor me guiña: ‘La jornada sigue, puta mía’. Ay, qué frisson, chicas, quiero repetir ya.