Era una tarde calurosa de finales de junio. Mi novio y yo entramos en esa tienda de ropa, Zara o algo así, buscando algo sexy para mí. Elegí un vestido corto negro, ceñido, y unas braguitas de encaje diminutas. Él me guiñaba el ojo, sabiendo que esto iba a acabar en follada. ‘Pruébatelo aquí’, me dijo, señalando una cabina grande al fondo, con espejo enorme por todos lados.
Cogí las perchas, tintineo metálico que me erizó la piel. Entramos los dos, el rideau rojo se cierra con un siseo suave. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien esa blusa?’. El corazón me late fuerte. Me quito la camiseta, el aire fresco del probador me pone los pezones duros. Él se pega a mi espalda, manos en mis tetas, apretando. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurra, pero su polla ya dura contra mi culo.
Elegimos la ropa y la tensión explota al cerrar el rideau
Me bajo los shorts, la tela nueva del vestido roza mi piel suave, olor a limpio y deseo. Me miro en el espejo, él detrás, reflejado mil veces. Sus dedos bajan a mi coño, ya mojado. ‘Estás chorreando, puta’, me dice al oído, mordiéndome el lóbulo. Gimo bajito, tapándome la boca. Afuera, pasos, alguien pregunta por tallas. La excitación me quema, el riesgo de que nos oigan me pone a mil.
No aguanto más. Me giro, le bajo los pantalones de un tirón. Su polla salta, gorda, venosa, apuntando al techo. La cojo, masturbo rápida, saliva en la punta. ‘Fóllame ya’, le pido con voz ronca. Pero entonces… toque en el rideau. ‘¿Necesitáis ayuda?’, voz grave de hombre. El vendedor, unos 40, buenorro, musculoso bajo la camisa.
Mi novio sonríe pillo. ‘Pasa, tío’. Entra, cierra. Sus ojos se abren al verme en bragas, tetas al aire. ‘Joder, qué buena estás’. Yo, abierta como siempre, le digo: ‘Ayúdame con el vestido… o con esto’. Él no duda, manos en mis caderas. Mi novio asiente, saca su polla y se pone a pajearse viéndonos.
El vendedor me besa, lengua honda, manos en mi culo. Me arranca las bragas, dedo en el coño, chapoteo húmedo. ‘Qué puta más cachonda’, gruñe. Me pone contra el espejo, frío en las tetas, pezones raspando cristal. Abre su bragueta, polla enorme, más gruesa que la de mi novio. La frota en mi raja, moja el capullo en mis jugos. ‘Entra de una’, suplico.
El polvo intenso sin frenos en la cabina
Me clava la polla de golpe, hasta el fondo. ‘¡Ahhh!’, ahogo el grito contra su boca. Afuera, risas de chicas. Él me taladra, embestidas brutales, pak pak pak suave contra la pared. Miro el espejo: mi coño tragándosela, labios hinchados, crema blanca saliendo. Mi novio cerca, pajita furiosa.
‘Cambio de agujero’, pide él. Saco la polla, chorreante, la pongo en mi culo. Lubri con saliva, entra lento… ‘Despacio, joder, qué gorda’. Pero ya dentro, me sodomiza fuerte, manos en tetas, pellizcando pezones. Gimo mordida en su hombro, sudada, piernas temblando. ‘Me corro… ¡córrete dentro!’, pero no, saca, se quita el condón rápido.
Me arrodillo, doble pajita en las dos pollas. La del vendedor explota primero, lechazos calientes en mi cara, boca abierta, trago lo que pillo. Mi novio eyacula en mis tetas, pegajoso. Limpio las pollas con lengua, besos babosos. ‘Buen polvo’, dice el vendedor, jadeante.
Salimos como si nada. Yo con el vestido puesto, sin bragas, semen secando en la piel, coño palpitando. En caja, él paga, yo sonrío al vendedor: ‘Gracias por la ayuda’. Afuera, mi novio me mete mano disimulada. ‘Eres una guarra total’, me dice. Caminamos con el secreto ardiendo, listos para más.