¡Ay, chicas, no puedo más! Tengo que contároslo ya, esta tarde en el centro comercial… Mi novio y yo, buscando un vestido sexy para salir este finde. Yo, Carmen, 32 años, abierta como el primer día, adoro el morbo público. Cogí un par de faldas cortas, tops ajustados, esa tela nueva que huele a limpio y se pega a la piel. Mi novio, alto, fuerte, 35 tacos, me mira con esa cara de ‘te como aquí mismo’. Y entonces… el vendedor. Joven, atlético, unos 28, con sonrisa pícara. ‘¿Necesitáis ayuda?’, dice. Le guiño: ‘Ven a darnos tu opinión en la cabina grande’.
Entramos los tres. La cabina es amplia, espejos por todos lados, mi cuerpo multiplicado, tetas firmes, culo redondo. Cierro el rideau… ¡zas! El clic del metal, y silencio. Afuera, voces de clientas, ‘¿te queda bien ese?’, risas. Mi corazón late fuerte. Mi novio me besa el cuello, mano en mi muslo, sube la falda. ‘Shhh, amor, no hagamos ruido’, susurro. El vendedor traga saliva, ojos en mi tanga negro. ‘¿Qué te parece?’, digo quitándome la blusa, pezones duros ya. Él se acerca, toca la tela en mi cintura… pero sus dedos rozan mi piel. Calor subiendo. Mi novio cierra el pestillo, ‘vamos a probar todo’. Froto mi coño contra su polla dura bajo el pantalón. El espejo enfrente, veo mi cara de puta cachonda.
Elegimos la ropa y entramos: la tensión explota
¡Joder, la cosa se desmadra! Mi novio baja mi tanga, moja los dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando’, murmura. Yo, de rodillas, desabrocho al vendedor. Su polla salta, gruesa, venosa, goteando pre-semen. La chupo, lengua en el glande, mamando profundo… glup glup, pero suave, no chupetear fuerte. Afuera, pasos, una voz: ‘¿Hay alguien?’. Nos paramos, risas nerviosas. Mi novio me pone de pie, contra el espejo frío en la espalda, tetas aplastadas. Me folla por detrás, polla entrando despacio, abriendo mi coño. ‘¡Ay, sí, pero calladitos!’, gimo bajito. El vendedor me besa, mete lengua, manos en tetas, pellizca pezones. Cambio: me subo al banco, piernas abiertas. Vendedor lame mi clítoris, lengua rápida, dedos en ano. Mi novio en mi boca, polla salada, la trago hasta la garganta, babeo. Gemidos ahogados: ‘Mmm… joder…’.
El polvo brutal y discreto: pollas, coños y placer desbocado
¡El clímax! Me pongo en cuatro, culo al espejo. Mi novio lubrica mi culo con saliva, mete dos dedos, luego su polla gorda. ‘¡Despacio, coño!’, susurro, placer quemando. Entra, me llena el ojete. El vendedor delante, polla en mi coño. ¡Doble penetración! Las dos pollas rozándose dentro, separadas por una pared fina. Empujan alternos, pla pla suave contra mi piel. Sudor goteando, olor a sexo, tela de ropa tirada en suelo crujiendo bajo rodillas. Me corro primero, coño contrayéndose, chorro en su polla. ‘¡Me vengo!’, ahogado. Ellos aceleran, pollas hinchadas. Mi novio eyacula en mi culo, caliente, lleno. Vendedor saca, me la mete en boca: leche espesa bajando garganta. Trago todo, labios hinchados.
Salimos… yo con el vestido puesto, semen goteando lento por muslos, tanga dentro de bolso. Cara sonrojada, pelo revuelto. ‘¿Todo bien?’, pregunta una clienta. ‘Sí, perfecto’, digo con sonrisa. En caja, el vendedor cobra, guiño: ‘Vuelve pronto’. Mi novio paga, mano en mi culo disimulado. Afuera, piernas temblando, coño palpitando. ¡El secreto quemándonos! Nunca follé tan a gusto, el miedo a ser oídos, espejos mostrando todo… Quiero más. ¿Y vosotros, habéis probado?