Follada salvaje en la cabina de probadores: mi secreto más caliente

Acabábamos de llegar de la playa, con la piel bronceada reluciente y el cuerpo aún caliente del sol. Sudados, entramos en esa tienda de ropa en el centro comercial. El aire acondicionado nos golpeó, pero la excitación del día no se iba. ‘Cariño, ayúdame a probarme esto’, le dije a mi novio, cogiendo un vestido rojo ajustado, unas braguitas de encaje y un top escotado. Sus ojos se iluminaron, pícaros. Elegí varios, el vendedor nos miró raro pero nos dejó pasar a la cabina grande, de esas para parejas.

Entramos apretados, el rideau se cerró con un susurro. El espacio era chiquito, espejos por todos lados reflejando nuestros cuerpos pegados. Oí voces de clientas fuera, risas, el tintineo de perchas. Mi corazón latía fuerte. Él me besó el cuello, ‘Shhh, amor, no hagas ruido’, murmuró, pero sus manos ya bajaban mi falda. La textura del vestido nuevo rozaba mi piel, suave como seda. Me quité el bikini húmedo debajo, el espejo frío me erizó los pezones. ‘Estás tan mojada ya…’, susurró oliendo mi coño.

Entrando en la cabina con la tensión a flor de piel

La tensión explotó. Me giró contra el espejo, mi pecho aplastado en el cristal helado, pezones duros como piedras. Sus dedos abrieron mis labios, metiendo dos de golpe en mi coño empapado. ‘Joder, qué chorreante estás’, jadeó bajito. Gemí suave, mordiéndome el labio, oyendo pasos fuera. Me arrodillé, saqué su polla tiesa, venosa, palpitante. La lamí desde la base, sabor a sal del mar, chupé el glande hinchado, succionando fuerte. Él agarró mi pelo, ‘Para, o me corro ya…’. Pero yo seguí, tragándomela hasta la garganta, babeando.

Me levantó, me clavó contra la pared. ‘Te voy a follar aquí mismo’, gruñó. Entró de un empujón, su polla gruesa abriéndome el coño al máximo. ‘¡Ay, sí, pero despacio!’, susurré, arañándole la espalda. Embestidas brutales, pausadas para no golpear fuerte. Mis tetas rebotaban en el espejo, vi mi cara de puta en el reflejo, ojos vidriosos. Cambiamos, me puse de perrito, culo al aire, él desde atrás. ‘Mira cómo te como el coño primero’, dijo, lengua hurgando mi clítoris hinchado, chupando mis jugos. Luego su polla otra vez, follándome salvaje, bolas chocando suave contra mí. ‘Shhh, oyen todo…’, pero no paraba, mi coño chorreaba por sus muslos.

El clímax brutal y la salida con el fuego dentro

Aceleró, ‘Me corro, amor…’, adentro, caliente, llenándome. Yo exploté, orgasmo brutal, piernas temblando, mordiendo su mano para no gritar. Semen goteando, nos besamos sudados, jadeantes. Rápido, nos vestimos. Yo con el vestido nuevo puesto, sin bragas, su corrida resbalando por mis piernas. Él se subió el pantalón, polla aún semi.

Salimos, sonrientes, fingiendo normalidad. El vendedor nos miró, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto, nos lo llevamos’, dije con voz ronca, piernas flojas. En caja, pagamos, clientas cuchicheando cerca. Caminamos al coche, su mano en mi culo, secreto ardiendo bajo la ropa. Aún siento el frío del espejo, el riesgo… Joder, qué vicio.

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