Mi polvo salvaje con una trans en la cabina de probadores

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue el sábado pasado, en el centro comercial, en Zara. Hacía calor, yo sudando un poco bajo el vestido ligero. Estaba cachonda, hace semanas que no follaba bien. Me metí en la sección de lencería y vestidos ceñidos. Elegí un body negro transparente, unas tangas diminutas y un vestido rojo que se pega al culo. El tintineo de las perchas me ponía nerviosa, olía a tela nueva, esa textura suave que roza la piel.

La vendedora… uf, una rubia impresionante, ojos marrones, tetas grandes, sonrisa que mata. Se acercó: ‘¿Necesitas ayuda, guapa?’. Yo, mirándola el paquete sutil bajo la falda: ‘Sí, ven conmigo a la cabina, quiero tu opinión’. Ella dudó un segundo, ‘Vale, pero rápido, eh’. Cogí las prendas, entramos. El rideau se cierra con ese roce áspero. Dentro, espejos por todos lados, mi reflejo multiplicado, el frío del espejo contra mi espalda cuando me apoyo. Oímos voces fuera, una familia comprando, risas. Mi corazón late fuerte. Ella cierra bien el rideau, ‘Pruébate eso’. Me quito el vestido despacio, quedo en bragas. Sus ojos se clavan en mis tetas. ‘Joder, qué buena estás’, murmura. Se acerca, su aliento caliente en mi cuello. Manos en mis caderas. Siento su polla endureciéndose contra mi muslo. ‘¿Eres…?’. ‘Sí, nena, 19 cm funcionales. ¿Te mola?’. Trago saliva, boca seca. ‘Me flipa. Chúpamela primero’.

La elección caliente y el rideau que cierra

Nos besamos con lengua, salvaje pero calladitas. Afuera, pasos, alguien pregunta por tallas. Yo me arrodillo en el suelo duro, perchas balanceándose. Le bajo la falda, tanga negra, polla semi-dura saliendo, venosa, gorda. Huele a hombre, a excitación. La lamo desde las bolas, suaves y pesadas, subo despacio. ‘Mmm, qué puta buena’, gime bajito. La meto en la boca, profunda, saliva chorreando. Ella agarra mi pelo, folla mi garganta suave, sin ruido. Mi coño palpita, me toco por encima de las bragas. Me levanto, me quito todo, desnuda en los espejos. Mi culo redondo reflejado mil veces. Lubri del bolso, se pone condón rápido. ‘Doblaos, mira el espejo’. Me pongo de rodillas contra el espejo, frío en las tetas, culo al aire. Dedos en mi ano, uno, dos, resbalosos. ‘Relájate, zorra’. Empuja, su polla entra lenta, duele un poco al principio, pero joder, qué llena. Afuera voces: ‘¿Dónde está la probadora libre?’. Yo muerdo mi labio, ahogo gemido. Ella acelera, palmadas suaves contra mi culo, polla entrando y saliendo, bolas golpeando. ‘Tu culo es mío, aprieta’. Me corro primero, coño chorreando, piernas temblando. Cambio, yo de espaldas en el banquito, piernas en sus hombros. Espejo enfrente, veo su polla desapareciendo en mí, mi cara de puta. Bombeamos fuerte, sudor goteando, aliento entrecortado. ‘Me corro… joder’, susurra. Se vacía dentro, yo me masturbo furiosa, chorro en mi barriga. Limpio con dedos, me chupa el culo un rato más.

Respiramos agitadas. Vestirme rápido, manos temblorosas, ropa oliendo a sexo. ‘Gracias, preciosa’, le digo. Ella: ‘Llámame luego’. Salgo, piernas flojas, sonrisa falsa. En caja, pago las tangas, cajera mira raro mi pelo revuelto, mejillas rojas. Fuera, el aire fresco en mi piel sensible, semen residual goteando. Secretito ardiente bajo la falda. Aún me mojo recordándolo. ¿Repetimos?

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