Follada en la cabina de probadores: mi secreto más caliente

Trabajo en una tienda de lencería fina, yo soy Sofía, la que siempre empuja a las chicas a lo más sexy. Ese jueves, entró una madre mandona con su hija de 18, Marta. La tipa gritó que quería un conjunto ‘adulto’ para su cumpleaños, no más algodón de niña. Marta se sonrojó hasta las orejas, con la mirada baja. La madre la dejó allí y se fue a la peluquería. Las otras clientas se fueron, y nos quedamos solas.

Le dije: ‘Pasea, elige lo que te guste’. Sus ojos se clavaron en los tangas y encajes osados. Tocaba los strings una y otra vez, pero cogió una culotte rosa inocente. La llevé a la cabina, el tintineo de las perchas, el olor a ropa nueva. ‘Pruébate, ¿vale?’, cerré el rideau pero no del todo. Esperé, escuchando su respiración nerviosa. Me acerqué sigilosa, el espejo reflejaba su silueta. ‘¿Cómo te queda?’, tiré el rideau de golpe. Estaba en bragas, tetas al aire, intentando taparse. ‘¡Ay!’. Saltó. ‘¿Quieres que llame a tu madre?’, negó rápido. ‘Quítate las manos, déjame ver’. Sus pechos perfectos, rosados, tetillas duras ya. Le rocé una con los nudillos, se endureció más. ‘Umm, qué sensible…’

La elección caliente y la tensión en la cabina

Le pasé el sujetador más grande, pero miré su entrepierna. ‘¿Por qué culotte? Prueba un string’. Se mordió el labio. ‘Con mi madre…’. ‘Venga, quítatela’. Me fui un segundo, oí el rideau correr. Volví: desnuda, mano en el coño depilado. ‘¡Estás rasurada! Tu madre no lo sabe, ¿eh?’. Suplicó: ‘Por favor, no le digas’. ‘Muéstrame bien’. Labios hinchados, jugosos. ‘Estás mojada, ¿te excita esto?’. Quiso taparse, pero la paré. Me arrodillé, le subí el string rozando sus muslos suaves, piernas temblorosas. Al pasar por el coño, metí un dedo, resbaladizo. Suspiró bajito, ojos cerrados. ‘No lo mojes mucho, ¿eh?’. Se miró al espejo, sexy a rabiar, el frío del cristal en su piel caliente.

De fondo, voces lejanas de clientas fuera, el frisson de ser oída. Le puse un corsé negro con ligueros, tetas fuera. ‘Mira qué puta te ves’. Estaba ardiendo.

‘¿Sofía? ¿Estás ahí?’. Mi novio Diego entró, hora de mi pausa. Marta panic: ‘¡Cierra el rideau!’. Pero le agarré las manos. ‘Es mi chico, relájate’. Él cerró la tienda, clic de la llave. Volvió: ‘Hola… wow’. Lo miré: ‘Dime qué tal, un opinión masculina’. Diego tartamudeó: ‘Está… cañón’. ‘Quítate el sujetador, Marta, déjale ver esas tetas’. Dudó, pero obedeció, manos en caderas. Sus pezones tiesos, coño palpitando bajo el string.

El polvo brutal y el clímax devorador

Le dije a Diego: ‘Tócale’. Él se acercó, masajeó sus tetas, pellizcó las tetillas. Ella jadeó suave, ‘shhh, no hagas ruido’. Yo bajé el string de un tirón, su coño lampiño expuesto, labios abiertos, brillando. ‘Mira qué bandante eres’. Él se apartó, polla ya dura en el pantalón. La hice girar, agacharse tocando tobillos, culo abierto, coño chorreando. Goteaba jugo por sus labios. Yo masajeé la polla de Diego por encima: ‘Mira lo que le haces’. Ella vio la bulto, ojos hambrientos.

Saqué su polla gorda, venosa, perlando precúm. ‘Acércate, Marta’. A cuatro patas, lengua en el glande, salado. Yo lamí también, lenguas chocando, besándonos con su polla entre medias. ‘Feliz cumpleaños’. Ella la agarró torpe, chupó gulosa, ‘mmmph’, garganta profunda. Yo metí dos dedos en su coño empapado, ‘¡Quieta, cabrona!’, la follé con dedos, clítoris hinchado. Ella mamaba más fuerte, imaginando a su crush. Diego gruñó bajo, ‘joder…’. Se corrió jets en su boca, ella tragó ávida, no soltó. Yo aceleré: ‘¡Córrete, puta!’. Tembló, coño apretándome dedos, chorros de squirt silencioso, tetas balanceándose, mordiendo labio para no gritar. Oímos pasos fuera, adrenalina pura.

Diez minutos, todo limpio. Ella se vistió, yo empaqué el string y corsé. Entró la madre. ‘Elige precioso, le puse string porque no había culotte, mismo precio’. Halagada por su peinado, pagó. Le di el saco a Marta: ‘Toma’. Salió con el vibrador escondido dentro, guiño mío: ‘Feliz cumple’. Corrió tras su madre, coño aún palpitando bajo la falda, secreto ardiendo.

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