Ay, no sabéis… Estaba tan frustrada, joder. Separada hace meses de mi ex, que quería ‘reflexionar’, y tres meses sin una buena polla. Fui a la tienda de ropa del centro comercial, esa con cabinas grandes y espejos everywhere. Quería algo sexy para sentirme viva. Cogí un vestido rojo ceñidísimo, de esos que marcan el culo y las tetas, y unas braguitas de encaje negro. El corazón me latía ya fuerte solo de imaginarme dentro.
Mi compañero Pedro, ese cabrón con fama de queutard, me había seguido. ‘Te ayudo a elegir, Coralia’, me dijo con esa sonrisa de lobo. Pedro es alto, fuerte, y por lo que me contó Marjorie, tiene una polla enorme. ‘Venga, entra conmigo, que la cremallera es jodida’, le susurré. Entramos en la cabina del fondo, la más grande. El rideau se cierra con un ‘shhh’ suave. Afuera, voces de clientas, risas, el pitido de la caja… El olor a tela nueva me pone cachonda ya. Me quito la blusa, jeans, quedo en sujetador deportivo y tanga. La piel se me eriza con el aire frío. Pedro detrás, respirando pesado. ‘Joder, qué cuerpo, nena’. Sus manos rozan mi espalda, bajan al culo. El espejo multiplica todo: mi coño ya húmedo, su paquete hinchándose. ‘Shhh, no hagas ruido’, digo mordiéndome el labio. Pero la tensión es brutal, el pulso en las sienes.
Elegí la ropa y entramos: la tensión explota
No aguanto más. Me giro, le bajo la cremallera del pantalón. ‘Madre mía, qué polla gorda’. Palpita dura, venosa, cabezona, como un puño. La agarro, la chupo rápido, saliva chorreando. Él gime bajito, ‘calla, coño…’. Afuera una voz: ‘¿Te queda bien ese?’ Yo con la boca llena, asintiendo al espejo. Me pone de pie contra el cristal frío, tetas aplastadas, culo al aire. ‘Fóllame ya, pero sin gritar’. Escupe en mi coño, mete dos dedos, revuelve. ‘Estás empapada, puta’. Empuja la polla despacio, centímetro a centímetro. Duele de lo gruesa, me llena hasta el fondo. ‘Ahh…’, muerdo su hombro. Empieza a bombear, lento al principio, el plaf-plaf de carne contra carne. Espejos por todos lados: veo su polla entrando y saliendo, mi coño tragándosela, jugos bajando por muslos. Agarra mis tetas, pellizca pezones. ‘Más fuerte’, susurro. Acelera, me come la boca para no gemir. Siento sus huevos pesados golpeándome el clítoris. ‘Me corro, joder’, dice él tapándome la boca. Yo exploto primero, el orgasmo me sacude, piernas temblando, coño contrayéndose alrededor de esa verga monstruosa. Él se corre dentro, sin condón, leche caliente inundándome. ‘Shhh…’. Sudor, olor a sexo fuerte, perchas tintineando con el movimiento.
Salimos hechos un desastre, pero fingiendo normalidad. Yo con el vestido puesto, el coño chorreando su corrida bajo las bragas. Él paga unas camisas de más, yo el vestido. ‘Gracias por la ayuda’, le digo guiñando al vendedor, que no sospecha nada. Afuera, clientas por todos lados, mi secreto quemándome entre las piernas. Caminamos al coche, riendo nerviosos. ‘La próxima en mi casa, sin prisas’. Joder, qué subidón. Aún siento su polla palpitando dentro.