Ay, chicas, acabo de volver de esa tienda y aún me tiemblan las piernas. Fui con mi amante, Nico, a comprar un vestido ceñido para follar esta noche. Cogí varios: un negro escotado, unos vaqueros ajustados que marcan el culo. El tintineo de las perchas me ponía ya nerviosa, el olor a ropa nueva, fresco, impecable.
Él me seguía, susurrando: ‘Ese te va a quedar de puta madre’. Elegimos una cabina grande al fondo, con espejo enorme por todos lados. ‘Voy a ayudarte a probártelo’, dice con esa voz ronca. Entro primero, él detrás, tiro del cortinón. Ras… se cierra. El corazón me late fuerte, bum-bum. Afuera, voces de clientas: ‘¿Te queda bien ese?’. Shh, digo yo, mordiéndome el labio. Sus manos ya en mi cintura, el frío del espejo contra mi espalda cuando me empuja suave.
Elegir la ropa y entrar en la cabina
Me quito la blusa rápido, el roce de la tela nueva en la piel, suave como seda. Él se pega, polla dura contra mi culo. ‘Joder, estás mojada ya’, murmura, mano bajando por mi falda. Huele a su colonia mezclada con mi excitación. Miro el espejo: mi cara roja, pezones duros bajo el sujetador. ‘Quietos, nos oyen’, susurro, pero abro las piernas. Sus dedos en mi coño, resbaladizos, chup-chup suave. Gimo bajito, conteniéndome.
No aguanto más. Me giro, arrodillo. Desabrocho su pantalón, zip, sale la polla tiesa, venosa, goteando pre-semen. La chupo ansiosa, lengua alrededor del glande, salado, grueso. Él agarra mi pelo: ‘Casi te corres, cabrona’. Afuera, pasos, risas. Trago hondo, garganta llena, slurp-slurp ahogado. Me levanto, falda arriba, braga a un lado. ‘Fóllame ya’, le ruego.
El clímax brutal y la salida ardiente
Me empotra contra el espejo, frío en tetas, polla abriéndose paso en mi coño empapado. Plaf, entra entera, llena. Embestidas brutales, piel contra piel, pero suaves para no golpear fuerte. ‘Tu coño aprieta como puta’, gruñe bajito. Yo: ‘Más, joder, rómpeme’. Miro alrededor: nos vemos follando en todos los ángulos, mi clítoris hinchado frotando su pubis. Sudor goteando, tetas rebotando. Afuera: ‘¿Necesitas ayuda?’. ‘No, todo bien’, respondo yo, voz temblorosa, mientras él me taladra.
Cambiamos: yo de espaldas, manos en espejo, culo fuera. Me mete dedos en el ano primero, lubricado con mis jugos. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, pero calladitos’. Polla en mi culo, despacio, ardor delicioso, estira. Plaf-plaf controlado, profundo. Gimo en su cuello, mordiendo para no gritar. Su mano en mi coño, pellizca clítoris. ‘Me corro, joder’, susurro. Él acelera, bolas golpeando suaves. ‘Aguanta’. No aguanto: orgasmo brutal, coño contrayéndose, jugos bajando piernas.
Él sale, me gira, semen en mi boca. Trago rápido, salado, espeso. Limpio su polla con lengua. Afuera, más voces. Nos vestimos a prisa: perchas tintineando nerviosas, blusa mal abotonada. Salgo primero, pelo revuelto, sonrisa culpable. Él paga el vestido: ‘Nos lo llevamos’. La cajera: ‘Buena elección’. Siento su semen goteando en bragas, coño palpitando, culo ardiendo. Caminamos al coche, manos entrelazadas, secreto quemando bajo la ropa. Mañana, más. Dios, qué subidón.