Follada en el probador: Mi aventura sumisa con un vendedor maduro

¡Uf, aún me tiemblan las piernas al recordarlo! Fue la semana pasada, mi chico y yo hablamos de ir más allá después de lo del cine. Él sabe que me flipa exhibirme, sobre todo con tíos mayores que mandan con calma. Encontró a Raúl online, un vendedor de unos 60, viudo, con ganas de guiar a una tía joven como yo. Quedamos en una tienda grande del centro, él nos esperaría allí.

Llegamos sobre las 6, la tienda llena de gente de oficina. Mi chico me susurró: ‘Sin bragas, sin sujetador, falda corta y top escotado, como dijo’. Elegí unos vestidos ceñidos, rojos, con tacto sedoso nuevo que me erizaba la piel. Las perchas tintineaban, uf, ese ruido metálico me ponía ya nerviosa. Raúl nos vio, alto, pelo gris, sonrisa pícara. ‘¿Necesitáis ayuda?’, dijo fingiendo. Mi chico asintió: ‘Sí, para que ella pruebe bien’.

Elegimos la ropa y entramos en la cabina

Cogué tres vestidos y entramos en una cabina grande al fondo, con espejo enorme de tres lados y uno en el techo. El rideau se cerró con un siseo suave, pero se oían voces fuera, risas, pasos. Mi corazón latía fuerte. Me quité la falda despacio, el aire fresco me rozó el coño ya húmedo. Raúl entró de golpe: ‘Déjame ver cómo te queda’. Mi chico se apoyó en la pared, sonriendo. La tensión subió al instante, el espejo reflejaba mi piel mate, tetas 85D hinchadas sin nada debajo.

Raúl me miró fijo: ‘Quítatelo todo, despacio’. Dudé un segundo, miré a mi chico, él asintió. Me bajé el top, tetas libres, pezones duros como piedras. El espejo frío me tocó la espalda, brrr. ‘Manos atrás’, ordenó Raúl bajito. Saqué una cuerda fina del bolsillo, me ató las muñecas suave pero firme. Mis tetas se empujaron hacia adelante, uf, qué vista en los espejos por todos lados. Fuera, una clienta preguntaba por tallas, voz cerca.

Se abrió el pantalón, sacó una polla gorda, venosa, ya tiesa. ‘Mira lo que me haces’, murmuró acercándola a mis tetas. La frotó entre ellas, despacio, el glande rozando pezones. ‘¿Te gusta, puta?’, susurró. ‘Sí… señor’, balbuceé, mordiéndome el labio para no gemir alto. Mi chico se tocaba la verga por encima del pantalón, excitado viéndome así. Raúl aceleró, polla resbalando entre mis tetas sudorosas, pre-semen untando todo.

El polvo brutal entre espejos y murmullos

‘De rodillas’, mandó. Me arrodillé en la alfombrilla áspera, culo al aire reflejado. Él escupió en mi coño, dedos gruesos abriéndome las labios. ‘Estás chorreando, zorra’. Metió dos de golpe, cabalgando mi clítoris con el pulgar. Afuera, pasos, ‘¿Estáis bien ahí?’. Mi chico: ‘Sí, gracias’. Yo ahogaba gemidos, ¡joder, iba a correrme ya! Sacó los dedos, brillando, y los clavó en mi culo, uno, luego dos. ‘Relájate, te voy a abrir’. Mi pelvis se movía sola, espejos mostrando mi coño palpitante, culo dilatado.

‘Chupa’, gruñó poniéndome la polla en la boca. Glande enorme, forcé la garganta, saliva cayendo. Él me cogió el pelo, follando mi boca suave para no hacer ruido, pero babas chorreando. Mis tetas rebotaban, él pellizcaba pezones. ‘Me voy a correr, trágatelo todo’. Empujó hondo, leche caliente llenándome la boca, tragué deprisa, resto en labios. Jadeaba, él me desató.

Me vestí temblando, coño palpitando sin correrme del todo. Raúl salió primero, ‘Queda genial ese vestido’. Pagamos en caja, yo con su semen en la garganta, falda pegada a muslos húmedos. Fuera, mi chico me besó: ‘Eres increíble’. Caminamos riendo, secreto ardiendo bajo la ropa. ¡Quiero más!

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