Follada brutal en el probador: mi secreto más caliente

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Era sábado por la tarde, octubre pero con un calor de cojones, el centro comercial petado de gente. Paseaba por las tiendas, aburrida, buscando algo sexy para ligar. Entro en una de lencería y ropa interior fina, y ahí está él: el vendedor, moreno, alto, con esa sonrisa que te moja al instante. Ojos que te desnudan. Le pido ayuda: ‘¿Me ayudas a elegir un vestido ligero? Quiero algo que marque bien las tetas y el culo’.

Me guiña un ojo, coño. ‘Claro, guapa, este te quedará de putísima madre’. Coge unos vestidos cortos, de esos que suben solos. El ruido de las perchas chocando, tintineo metálico, me pone nerviosa ya. Textura suave del tejido nuevo rozándome la piel mientras los agarro. Vamos a la cabina grande, al fondo, semioculta. ‘¿Entras conmigo a ver cómo me queda?’, le digo bajito, mordiéndome el labio. Asiente, excitado. Cierro el rideau rojo, fino, que deja pasar siluetas. Afuera, voces de clientas charlando, risas, pasos. El espejo enorme enfrente, frío cuando me apoyo. Su aliento en mi cuello. ‘Joder, qué tetas tienes’, murmura. Mi corazón late fuerte, coño palpitando ya.

Elegiendo la ropa y entrando en la cabina

Sus manos en mi cintura, bajando la cremallera del vestido que llevo. Se me cae al suelo, quedo en bragas y sujetador. Él se pega, polla dura contra mi culo. ‘Shhh, no hagas ruido’, susurro, pero gimo bajito al sentir su bulto. Me gira, me besa el cuello, lengua caliente. Desabrocha mi sujetador, tetas libres, pezones duros rozando el aire acondicionado. ‘Quiero follarte aquí mismo’, dice ronco. Asiento, jadeando. Le bajo los pantalones rápido, zip raspando. Su polla salta, gorda, venosa, cabeza brillante de pre-semen. La agarro, masturbándola lento, piel suave deslizándose. Él me empuja contra el espejo, frío en la espalda, eriza la piel. Bragas a un lado, dedo en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, gruñe. Dos dedos dentro, chapoteo húmedo que trato de ahogar mordiendo mi labio.

El polvo intenso sin poder gritar

Me pone de cara al espejo, culo fuera. ‘Mírate mientras te la meto’. Siento la punta en mi entrada, resbaladiza. Empuja, polla abriéndose paso, estirándome. ‘Joder… despacio… ahhh’. Media polla dentro, paro, gimo contenido, mano en su boca. Afuera, una voz: ‘¿Estáis bien ahí?’. ‘Sí… probándome… gracias’, respondo temblando. Él acelera, embiste profundo, cojones chocando suaves contra mí. Plaf-plaf bajito, sudor goteando, olor a sexo mezclado con perfume nuevo. Miro el espejo: mi cara roja, tetas botando, su polla entrando y saliendo, brillando de mis jugos. ‘Córrete dentro, lléname’, suplico ahogada. Aprieta mi clítoris, frota fuerte. Me corro primero, coño apretando su verga, piernas flojas, uñas en su brazo. Él gruñe en mi oído, chorros calientes llenándome, semen chorreando por muslos. Sacude, vaciándose todo.

Respiro hondo, limpiándonos con mi braga usada. ‘Ha sido… brutal’, dice besándome. Me visto rápido, vestido nuevo puesto, semen aún tibio dentro. Salimos, sonrisas inocentes. En caja, él cobra: ‘Ese vestido te queda perfecto’. Pago, piernas pegajosas, coño palpitando. Afuera, clientas pasando, ajenas a mi secreto. Caminé con su leche goteando, excitada todo el día. Aún huelo a él.

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