Dios, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fui al centro comercial con Hugues, mi ex-alumno, ahora profe de gym en el insti. Ese chico que siempre me miraba las piernas en clase… Hoy, quinquagenaria, con unos kilitos de más, pero mis curvas siguen volviendo locos. Elegí una minifalda vaquera ajustada, como las de antes, y un top escotado rojo. ‘Pruébatela conmigo’, me dijo con esa voz ronca, y yo, que adoro el riesgo, dije sí.
Entramos en la cabina grande, la última del pasillo. El tintineo de las perchas al colgar la ropa, el olor a tela nueva, crujiente. Cerré el rideau rojo, flojo, que deja un hueco abajo. Afuera, voces de clientas, risas, pasos. Hugues se pega a mí, su aliento caliente en mi cuello. ‘Ariane, sigues siendo mi fantasía’, susurra. Me miro en el espejo, falda subida, muslos gorditos expuestos. Él desliza la mano por mi culo, aprieta. El espejo triplica todo: mi cara sonrojada, su bulto creciendo. Siento su polla dura contra mí. ‘Shhh, no hagas ruido’, digo, pero ya estoy mojada.
La tensión al cerrar el rideau
No aguanto. Me giro, beso su boca con hambre. Desabrocho su pantalón, saco esa polla gruesa, venosa, que tanto soñé. La chupo despacio, lengua en el glande, saliva chorreando. Él gime bajito, mano en mi pelo. ‘Joder, Ariane…’. Afuera, una voz: ‘¿Te queda bien esa blusa?’. Me pongo de rodillas en el suelo frío, mamada profunda, bolas en la mano. Él me levanta, arranca mi tanga blanca –sí, la misma que vio de crío–. Me come el coño, lengua hurgando clítoris, dedos dentro. Me apoyo en el espejo helado, pezones duros contra el cristal. Gimo ahogado, mordiéndome el labio. ‘Fóllame ya’, susurro.
El clímax y el secreto al salir
Me sube la falda, polla en mi entrada. Empuja, llena mi coño chorreante. Follando lento al principio, espejos mostrando todo: mi culo rebotando, tetas saltando. Acelera, plac, plac suave contra la carne. Sudor goteando, tela nueva pegada a la piel. Cambio: yo contra el espejo, él detrás, polla profunda. ‘Cógeme el culo’, pido, como puta en celo. Escupe, mete dedo, luego la verga entera. Duele rico, estiro. ‘Fuck my ass’, le digo en inglés, riendo bajito. Él bombea, mano en mi boca para callar mis ‘¡joder, sí!’. Afuera, el vendedor pasa: ‘¿Necesitan ayuda?’. Nos paramos, polla dentro, conteniendo risa y gemidos. Sale, reanudamos: él me enculea fuerte, yo me corro, coño apretando vacío, culo ardiendo.
Se corre dentro, leche caliente llenándome. Jadeamos, besos rápidos. Limpio con la tanga, la meto en el bolsillo. Me visto rápido: falda arrugada, top descolocado, brillo en los labios. Él igual, polla aún semi. Abro el rideau, salimos normales. ‘¿Qué tal?’, pregunta el vendedor sonriendo. Pago la falda –la compro, manchada de nosotros–. Caminamos por el tienda, su semen goteando por mi muslo, secreto quemando bajo la ropa. Fuera, me guiña: ‘Otra vez?’. Sonrío. El morbo público… adictivo.